Los caprichos de los ricos en los hoteles

Al concierge del Hotel Plaza, en Nueva York, le pidieron que organizara una cena a la luz de las velas, con violines, para una pedida de mano. El novio enamorado le pediría a su novia que se casara con él. Pero había un detalle: la cena tendría que ser en el famoso Central Park, y no en el hotel.
Hotel Plaza

Hotel Plaza, New York

Raphael Pallais, concierge del Plaza, no se inmutó y organizó todo, hizo llegar la comida en un taxi y preparó el evento de tal manera que parecía una cena caída del cielo. Los guardias del parque no permitirían organizar algo formal, así que había que hacerlo todo rápida y discretamente.

La novia dio el sí que esperaban todos.

El señor Pallais dijo a Forbes.com que a veces se sentía como un “tejedor de sueños”, para lograr cosas que sus clientes no podrían hacer por sí solos. Pero otras veces las peticiones no son tan románticas. Cuenta Pallais que una vez un cliente pidió unas tarántulas para comérselas asadas. El concierge tampoco se inmutó y obtuvo la dirección de los proveedores de tarántulas de un restaurante exótico.

Raffaele Sorentino, concierge del Hotel Adlon Kempinski, en Berlín, cuenta también el caso de una pequeña niña de 4 años que no podía dormir porque había dejado en casa a “Snookie”, su conejito de peluche. Sorentino tuvo que enviar a un botones a hacer un viaje de 5 horas para llevarle el peluche a la niña. En la tienda del hotel habían muchos peluches, pero ella sólo quería a Snookie.

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