En busca del paisaje perfecto

Los atardeceres y amaneceres son los reyes de las fotos pasajísticas. Siempre ha habido una especial atracción por la belleza de las playas o las montañas, por el canto de las aves, la frescura del bosque. ¿Por qué sentimos esa atracción hacia esos lugares? Aún y cuando nos molesten los mosquitos o prefiramos la ciudad, esas fotos siguen viéndose lindas, como invitándonos a buscar ese lugar.

Ese placer de observar el paisaje no sólo viene de su belleza. Tiene que ver también con que lo que necesitamos como humanos para sobrevivir se encuentra en abundancia en esos lugares. En un bosque, bien podemos vivir cosechando los frutos de los árboles y cazando animales. En la playa o a la orilla de un lago o río tendremos alimento y en caso de los lagos y ríos, agua dulce para satisfacer nuestras necesidades. Cuando vemos esa abundancia de recurso, además de su belleza, nos sentimos entonces tranquilos, como deben haberse sentido los primeros humanos que habitan esos parajes. De ahí viene esa tranquilidad, de saberse cobijado por la naturaleza.

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