De viajeros y turistas

La manera de abordar un viaje es distinta según cada persona. Hasta se han creado dos bandos, los viajeros y los turistas. Claro está que todo el que se mete a esa discusión se coloca a sí mismo en el bando de los viajeros. Un viaje que no sea de trabajo debiera reducirse a buscar las opciones que podemos pagar y disfrutar a nuestro modo. ¿Qué más da si yo quiero tomarme una foto en cada monumento? ¿Está prohibido acaso?

Creo que la manera más adecuada de viajar no pasa por las agencias de viaje tradicionales, que llenan los días de lugares y experiencias. Prefiero planificar yo mismo mi viaje, y si me da la gana levantarme tarde en París, pues hacerlo. El concepto es viajar para vivir, y no vivir para el viaje. No se trata de “aprovecharlo todo” o “verlo todo”, se trata simplemente de disfrutar. Me gusta observar cómo se comporta la gente, comparándola contra mi propio comportamiento. Hay lugares más de estilos de vida relajados, hay otros más frenéticos.

El problema viene cuando uno encuentra su propia manera de hacer las cosas y quiere imponerla. No sólamente compartirla o argumentarla, imponerla cuando vamos acompañados. ¿No es demasiado negarse a tomar una foto con la Torre Eiffel atrás sólo porque no va con nuestra filosofía? ¿No será mejor comprar un billete con una agencia tradicional si sale más barato?

Claro que podemos ir por la vida haciendo lo que queramos. Pero si decidimos hacerlo acompañados, habrá que ceder, o trabajar para convencer. No ser tan estrictos con los demás ni con nosotros mismos. Se trata al fin y al cabo no sólo de disfrutar los parajes o la belleza de los edificios, sino también de disfrutar los viajes en compañía.

Por eso, amigo viajero, no juzgue demasiado a los turistas. La próxima vez que los vea tomarse la foto en el monumento de turno, no los condene. Si le piden tomar la foto, sonría y hágalo con gusto. Disfrute usted también.

 

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